¿Cuál es el pronóstico de la enfermedad de Crohn?

La ciencia médica almacena el conocimiento que existe de las enfermedades agrupando en tres grandes áreas sus contenidos. El diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento forman los apartados esenciales que nos van a indicar el campo de actuación en cada tratamiento médico.

Las obligaciones legales y deontológicas de los médicos determinan que forma parte de su profesión dar esta información al paciente adaptándose a su capacidad cultural para asimilarla. El pronóstico de la enfermedad de Crohn es una descripción aproximada de las probabilidades de que se den ciertas situaciones en la evolución de la enfermedad y su tratamiento.

La lucha por la supervivencia en la enfermedad de Crohn

La clasificación clásica de pronóstico leve, grave, muy grave o reservado se centra en el riesgo para la integridad física del paciente. Los medios de comunicación han popularizado su uso y la idea que contiene no representa ninguna dificultad.

Para el enfermo de Crohn es importante conocer las posibilidades de controlar los efectos de la enfermedad mientras dura el tratamiento. También la posible cura o solución definitiva a esta sombra sobre su salud. Otra información muy importante es conocer ante la posibilidad de enfermedad crónica las consecuencias que puedan afectar a su vida laboral.

Los diferentes tipos de enfermedad de Crohn, las condiciones médicas generales del paciente determinan el pronóstico de la enfermedad de Crohn que en cada caso será personal e individualizado.

El origen de la enfermedad de Crohn es en buena parte desconocido. Está relacionado con el funcionamiento anómalo del sistema inmunitario. Es como si este complejo sistema de defensa del organismo detectara un agente agresivo externo en las propias células del aparato digestivo y actuara sobre ellas.

Esta respuesta inmunológica no es constante ni siquiera en la misma persona a lo largo de su vida. Por este motivo el tratamiento sintomático del mal dificulta un pronóstico que sirva para la mayoría de los casos.

En los países desarrollados el número de casos de esta enfermedad tiende a aumentar. Se sabe que intervienen en ella factores genéticos que la hacen especialmente frecuente en algunas comunidades étnicas de Centroeuropa pero afecta a la práctica totalidad de las sociedades en un grado parecido.

Los continuos avances médicos permiten tratamientos individualizados que alivian las consecuencias más lesivas de sus efectos. Y en este punto recobra importancia la relación médico paciente para que el seguimiento del tratamiento y la historia clínica permitan una interpretación que adelante la posible evolución.

Los objetivos del tratamiento son eliminar las consecuencias sintomáticas de la enfermedad y corregir sus causas para un desarrollo armónico de la salud. Hay que hacer frente a la distinta severidad de los brotes, el segmento intestinal afectado, la historia evolutiva anterior, el estado general del individuo y la existencia de complicaciones.

En el proceso de curación pueden darse todos los síntomas de esta enfermedad. La inflamación dolorosa abdominal, las diarreas con sangrado rectal, presencia de moco o pus en heces, complicaciones perianales, perdidas de peso, retraso en desarrollo infantojuvenil,  fiebre, anorexia y fatiga.

Las terapias personalizadas y en el futuro próximo tratamientos genéticos individualizados permitirán corregir de forma completa estas disfunciones. Para las afecciones más leves de esta enfermedad el tratamiento sintomático será suficiente para poder llevar una vida completamente normal.

En los casos de tratamiento urgente con cirugía para solucionar por resección brotes inflamatorios que comprometen la vida el proceso continúa normalmente después de la intervención.

El cuidado con los factores de riesgo que favorecen la aparición de los brotes y que son particulares en cada persona afectada es otro aspecto importante que debe ser atendido. La dieta, repartir la ingesta en más tomas para evitar acumulación en el sistema digestivo, los complementos alimentarios, la medicación adaptada al tipo de enfermedad de Crohn y un estado psicofísico óptimo van a facilitar mucho las cosas en el tratamiento.

Los brotes suelen clasificarse en tres tipos, a saber, pueden ser leves, moderados y graves.  No son raras las complicaciones intraabdominales como los abscesos. La calidad de la pared intestinal se resiente gravemente con estos procesos que muchas veces requieren un tratamiento diferenciado. La obstrucción intestinal es otra consecuencia que se presenta de forma de forma frecuente en los tipos más severos de la enfermedad.

En los tipos más leves son frecuentes los periodos de práctica total normalidad alternándose con recaídas o recurrencias de importancia. La vigilancia y el seguimiento estricto de las indicaciones del médico es el aliado más indicado para hacer frente a sorpresas desagradables.

Por último las complicaciones perianales deben ser tratadas con revisiones periódicas. La administración de medicación en forma local para el cierre de la fistula son operaciones necesarias para adelantar una recuperación definitiva.

Todo lo anterior debe reforzar la idea de la importancia de la educación permanente del paciente, su implicación constante con el tratamiento y evitar aquellos hábitos dañinos para esta enfermedad en especial el tabaco. La enfermedad de Crohn mal tratada puede deteriorar mucho la vida personal y laboral de una persona.

Hacer bien las cosas redundará en la disminución de los períodos de tratamiento y las consecuencias que siempre se derivan de una enfermedad con posibilidad de hacerse crónica.

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